Rumbo a un final feliz…

imagen obtenida de todoimaginescristianas.com

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Érase una vez, en el cuento de hadas que imagine, mi final feliz debía haber terminado junto a él. A él, quien se atrevió a prometerme amor y fidelidad. A él, a quien yo le decía “quiero llegar a viejita contigo” y a el que tan solo respondía con un incómodo silencio. Al paso del tiempo mis sueños con él, se derrumbaron al darme cuenta de la realidad de su desamor y su traición.

Mi

V

I

D

A

Y la de nuestros hijos cambio drásticamente. En un abrir y cerrar de ojos, me encontré en un desapego de la realidad que estaba viviendo. ¿Te ha pasado que cuando vas manejando y llegas a cierto punto, no puedes recordar cómo llegaste? Ahora que estoy escribiendo, me doy cuenta que así me sentí después de nuestro divorcio. Ahora entiendo la frase muerta en vida, porque así atravesé esa temporada de mi vida. No sé porque me afecto tanto, si en nuestro matrimonio, físicamente estaba allí pero su corazón no. Llore, entristecí, y me deprimí. Me entregue al susurro de la autocompasión al lamentarme con aquel grito: “¡Ay! Pobre de mí, ¿cómo es que esto me pasó a mí?” Después de ya no aguantar mis tristes lamentos y de no soportarme ni a mí misma, y al ver el silencio de mis hijos cuando se detenían antes de hablarme, me enfrente con la realidad de que tenía que levantarme de donde estaba y luchar por mi bendición. Crecida en el evangelio, sabía que Dios estaba presente, pero lo sentía ausente. Es en nuestra condición pecadora que no queremos ver que en realidad quien estaba ausente de la presencia de Dios era yo.  Y en mi desesperación le gritaba “¡Aunque yo no esté bien, aunque yo me quiera soltar, no me sueltes Tu; Detenme aunque sea de la punta del cabello más largo que tengo, pero no me sueltes!” Y este fue el momento crítico del proceso que me dirigiría al camino rumbo a mi final feliz. Pues Dios me amó. Me tomó en sus brazos y sanó las heridas de mi alma y mi corazón.

A veces, nuestra vida refleja la separación entre el humano y Dios. Me di cuenta que el corazón de mi matrimonio estuvo lejos de Dios. Aunque yo sabía que a Dios no se le reemplaza con nada ni nadie, me deje llevar por los sentimientos e hice de ese hombre mi adoración. Y ese hombre hizo de sus deseos egocéntricos su adoración.  Ahora, cada quien opta por cual rumbo caminar. Si estas en un camino que no sabes a donde te dirige, te invito a que antes de perderte completamente, te detengas donde estas y le pidas a Dios que te saque de donde estas y dirija tus pasos. Es simple, tienes que admitir que estas mal, confesárselo directamente sin rodeos ni excusas, y creer que solo a través de su Hijo Jesucristo puedes hallar el perdón. Después de esto, llegará una paz inexplicable a tu vida y sabrás que la sanidad de tus heridas está por comenzar. En la Biblia, (Salmo 147: 3) encontramos esta verdad: DIOS SANA A LOS QUEBRANTADOS DE CORAZON Y VENDA SUS HERIDAS…

Si crees estas palabras, prepárate porque emprenderás tu viaje rumbo a un final feliz…

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About rumboaunfinalfelizblog

Estoy comenzado este blog para expresar las maravillas que Dios hizo y hace en mi vida. Escribire un blog por semana. Espero que puedas encontrar una palabra de aliento.
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2 Responses to Rumbo a un final feliz…

  1. Asi sera! Es muy cierto todo lo que escribes creo que en cierto punto todos manejamos en piloto automatico. Saludos

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